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Consultas sin cargo a trabajadores/as

Sebastián Serrano Alou

Abogado Laboralista de la ciudad de Rosario, Santa Fe, Argentina - Magíster en Derecho del Trabajo y Relaciones Laborales Internacionales, Universidad Nacional de Tres de Febrero

serranoalou@yahoo.com.ar

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18 abr. 2015

¿Es el desempleo una normalidad o un flagelo?

La mirada empresaria

¿Es el desempleo una normalidad o un flagelo?

Su instinto de clase les dice que el pleno empleo duradero es poco conveniente y que
el desempleo forma parte integral del capitalismo "normal".

¿Es el desempleo una normalidad o un flagelo?
Hace 11 abriles, el entonces Presidente Kirchner impulsó lo que  pareciera una sana costumbre: los acuerdos sobre niveles de salarios y de condiciones de trabajo que llevan adelante anualmente trabajadores y empresarios. Por estos días, los principales gremios comienzan a cerrar los primeros acuerdos salariales del 2015. Primero fueron los docentes, luego los trabajadores del estado nacional (31% en dos tramos) y los del Gobierno de la Ciudad Autónoma de Bs. As. (38% en tres cuotas).
Esta semana el sector mercantil firmó un aumento del orden del 31% a pagar en dos cuotas. En general, el promedio de los convenios firmados por los sindicatos más fuertes –docentes, bancarios, comercio, metalúrgicos, camioneros y construcción- funcionan como una suerte de “Me too” (yo también) para los demás gremios, por eso las miradas de propios y extraños se posan sobre estas primeras discusiones paritarias. En el medio se cuela la disputa por el impuesto a las ganancias que podría terminar en otro paro de transportes el mes venidero.
Este minué, donde bailan trabajadores y empresarios, se desarrolla entre rodeos, idas y vueltas, caras de póker, presiones de medidas de fuerza de los laburantes y lloriqueos empresariales sobre lo mal que les ha ido en los últimos meses. Pero estas escaramuzas son parte del asunto y se realizan dentro de los moldes normales de los posicionamientos políticos y sectoriales de los actores, salvo algunas excepciones a las que nos referiremos más adelante. Como ejemplo, en estos momentos, existe la posibilidad de un paro de 36 horas para la semana próxima por parte de la UOM (metalúrgicos) porque la brecha entre las aspiraciones de los trabajadores y lo ofrecido por el sector empresario todavía es muy grande.
Cabe destacar que este diseño para validar la puja distributiva entre pares (paritarias), que hoy pareciera una regularidad, no siempre funcionó así en nuestro país, y tampoco es común en el concierto internacional. En efecto, la dictadura militar las abolió y recién en los ochenta –por un corto período- comenzaron a negociarse salarios en paritarias. Pero en los noventa, el retorno del clima neoliberal flexibilizó las relaciones laborales y el modelo de la Convertibilidad impulsó las negociaciones por empresa y el congelamiento de salarios o pequeñas subas sólo por raras fórmulas basadas en la productividad del trabajo.
Recién en 2004, la sanción de la Ley 25.877 de Ordenamiento Laboral - que derogó la Ley 25.250, llamada la “Ley Banelco”- proporcionó un conjunto de instrumentos compatibles con el nuevo modelo económico en marcha, donde el trabajo dejaba de ser un costo y pasaba a ser el motor del crecimiento, constituyéndose al mismo tiempo, en el principal ordenador social. “Esta reforma laboral revirtió la orientación flexibilizadora de las condiciones de trabajo impuestas en la década anterior, reivindicando la negociación colectiva por rama de actividad o sector por sobre la de niveles inferiores.
La dinámica de la negociación tuvo diferentes estadios. Al principio fue impulsada por el Estado, que articuló las políticas salariales con las de promoción de la negociación colectiva al disponer que los aumentos de suma fija no remunerativa –que se habían otorgados a los asalariados privados desde 2002– fueran incorporados a los básicos de convenio, lo que impulsó la conformación de paritarias entre empresas y sindicatos. Posteriormente, la negociación se fue extendiendo incluso a sectores donde los sindicatos presentaban dificultades para afianzarse y conformar paritarias.
El restablecimiento del paulatino protagonismo sindical permitió encarar las negociaciones laborales en condiciones de mayor equidad (“Trabajo y Empleo en el Bicentenario”, Publicación del Ministerio de Trabajo, Empleo y Seguridad Social, 2010”). Es decir, el Estado intervino en favor de los trabajadores cuando sus sindicatos todavía no tenían la fuerza suficiente para avanzar en mayores conquistas debido a la crisis económica profunda del 2001 y a niveles todavía altos de desempleo.
En la actualidad, la negociación paritaria ya camina sola y el estado nacional se encarga de que se cumpla lo convenido. No obstante, le siguen dando previsibilidad al funcionamiento de la economía ya que son la forma más democrática de acordar salarios y condiciones laborales.
Este breve resumen muestra que las paritarias no son parte del paisaje, son derechos conquistados por los trabajadores, porque en la historia de las relaciones laborales argentinas no siempre se las ha sostenido como engranaje principal de cada etapa económica. Además, son parte central de la herencia que deja el actual proyecto político y que los trabajadores –tanto empleados como desempleados- deberemos defender y perfeccionar.
Del lado sindical, todos los sectores reivindican las paritarias como un valor a resguardar, pero del lado empresario, muchos se alegrarían si dejaran de existir y alientan a los referentes de la oposición política a que escuchen sus reclamos. En este sentido, el Jefe de Gabinete Aníbal Fernández declaró esta semana que “las paritarias existen sólo porque le interesan al Frente para la Victoria”, y no está muy errado. La semana pasada, el titular de la UIA, Héctor Méndez dijo que "en un país normal, la paritaria dejaría de estar" y luego remató que los empresarios “vamos a sacar corriendo a los (gremios) que vengan con un planteo de aumento de 43%”.
No se habían callado las críticas a Méndez cuando esta semana en una reunión de empresarios celebrada en el paquetísimo Hotel Alvear, el trío de economistas del establishment Broda-Melconián-Espert se peleaban por ver quién asustaba más a los asistentes con pronósticos aterradores sobre la economía de los próximos meses. Como habrá sido de explosiva la mezcla que vertieron Freddy Krueger, Hannibal Lecter y el Ghostface de Scream en la cena que –según La Nación- algunos juzgaron duros los términos para plantearlo y otros no coincidían con las soluciones propuestas. "¿No estamos exagerando?", le preguntó en la antesala del baño uno de los asistentes a Eurnekian, que se apuraba a volver a las mesas. "Puede ser, pero es bueno plantear el debate", contestó el anfitrión.
Pero lo fuerte no es lo que digan los personajes terroríficos del panel, que ponderaron a Cavallo y se entusiasmaron pidiendo grandes ajustes al próximo gobierno, sino que a la mayoría de los empresarios que asistieron les ha ido muy bien en estos años, pero se cargarían con gusto al actual gobierno. ¿Qué hay detrás de esta supuesta miopía empresarial? ¿Sólo de ganancias vive el empresario o se mueve también por intereses diferentes al dinero? Uno de ellos, ya como loco, afirmaba que no tendría que haber paritarias. “Eso es fascista. El Estado no tiene por qué meterse en eso" (Sic).
Al cierre uno de los empresarios –petrolero él- celebró las exposiciones y convocó a "brindar por el capitalismo". Y acá se entiende todo. Para el capitalismo, las paritarias son fascismo porque el Estado juega a favor de los trabajadores y para los capitalistas, no sólo importa la tasa de ganancia sino el control del proceso económico y quieren tratar a los gobernantes como si fueran sus gerentes, como lo vinieron haciendo hasta el año 2003. Cuando se concreta un modelo económico donde los niveles de empleo son altos, y cuando bajan el Estado interviene para sostenerlo, el poder de los sindicatos se fortalece y, contrariamente, el poder de los capitalistas para imponer sus intereses se deteriora.
Por esta razón, tan importante como ganar guita, es conservar el poder, y este gobierno se los viene disputando desde hace 12 años. Por eso se lo quieren cargar, necesitan gerentes, no gobernantes democráticos. En este sentido, algo tiene que decir Michal Kalecki, el economista polaco que ya hemos citado en estas columnas, que en su trabajo de 1943 “Aspectos políticos del pleno empleo” describía el accionar de los capitalistas“.Bajo un régimen de pleno empleo permanente, el desempleo dejaría de desempeñar su papel como medida disciplinaria.
La posición social del jefe se minaría y la seguridad en sí misma y la conciencia de clase de la clase trabajadora aumentaría. Las huelgas por aumentos de salarios y mejores condiciones de trabajo crearían tensión política. Es cierto que las ganancias serían mayores y aun el aumento de salarios resultante del mayor poder de negociación de los trabajadores tenderá menos a reducir las ganancias que a aumentar los precios. Pero los dirigentes empresariales aprecian más la “disciplina en las fábricas” y la “estabilidad política” que los beneficios. Su instinto de clase les dice que el pleno empleo duradero es poco conveniente desde su punto de vista y que el desempleo forma parte integral del sistema capitalista “normal”. Por esto brindan por el capitalismo, porque el desempleo es para ellos la normalidad. Para nosotros, un flagelo.

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